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lunes, 10 de agosto de 2009

Una misión para hacer bien el bien

Cuando Jesús vuelve del desierto para comenzar su ministerio, lee el texto de Isaías 61:1-2 en la sinagoga de Nazaret:

El Espíritu del Señor está sobre mí,
por cuanto me ha ungido
para anunciar buenas nuevas a los pobres.
Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos
y dar vista a los ciegos,
a poner en libertad a los oprimidos,
a pregonar el año del favor del Señor.


Por un lado, podemos analizar en detalle lo que quiso decir y cómo cumplió con esta misión en su vida Jesús. Pero, como seguidores de él no podemos eludir el hecho de que el texto nos está hablando a nosotros aquí y ahora. Ante cada realidad oscura de nuestra sociedad (pobreza, cautividad, ceguera, opresión), nos corresponde identificarla, acercarnos y contraponer la luz de la acción de nuestra fe (buenas nuevas, libertad, vista). ¿Cuál será y dónde se encuentra la pobreza, y cuáles son las buenas nuevas que podemos ofrecer? ¿Quiénes son los cautivos, de qué cosas, y qué significa proclamarles libertad? ¿Quiénes son los ciegos, qué es lo que no pueden o quieren ver, y cómo darles vista? ¿Quiénes oprimen a quiénes, y cómo liberar a ambos?

El texto también nos habla de que nuestra acción, en medio de la injusticia y corrupción, debe ser algo bueno. Buenas nuevas, pregonar el año del favor. Entiendo que esto tiene que ver también con la actitud que debemos tener al tratar de mejorar la sociedad, evitando lo que señala Melba Maggay en Transforming society, citado por Harold Segura C. en Más allá de la utopía, capítulo 1 (Antes que nos venza la utopía), pág. 21:

… hay algo en la exposición cotidiana a la pobreza y otros males de la sociedad que tiende a destruir la fe y a convertir a los agentes de cambio en algunas de las personas más cínicas que podamos encontrar.

No, ¡de ninguna forma podemos tener una actitud parecida! Al inicio del mismo capítulo, el autor cita una frase de Jurgen Moltmann:

En este mundo, con su moderna enfermedad mortal, la verdadera espiritualidad consistirá en recuperar el amor a la vida, y por tanto la vitalidad.

Finalmente, este texto tan rico nos habla de la importancia del sentido de misión. Uno debe sentirse "ungido" para realizar una tarea que lo supera. Como David, cuando enfrentó al gigante Goliat. Lo hizo porque estaba convencido no sólo de la importancia de vencer al enemigo sino porque estaba seguro de que Dios lo acompañaría y lo apoyaría. Si en algún momento, como creyentes, no sentimos esa fuerza y la frescura de la misión, ese sentido de que el Espíritu del Señor está con nosotros, tal vez sea el momento de pensar si no debemos buscar otro lugar de servicio o tal vez tomarnos un tiempo de descanso y reflexión hasta recuperar ese sentido de misión.

Una misión para cambiar, una misión que haga bien y nos haga bien, y una misión para replantear y renovar a diario.

Alejandro Field, en la reunión de la Mesa del 1 de agosto de 2009

domingo, 8 de marzo de 2009

Por qué participo en política


En el Congreso Internacional sobre la Evangelización Mundial, celebrado en la ciudad suiza de Lausana en julio de 1974, cerca de 2700 líderes evangélicos representantes de 150 países se reunieron bajo la consigna “Que el mundo oiga la voz de Dios”. Al cierre, suscribieron lo que se conoce como el Pacto de Lausana. En una de sus secciones declara que “la evangelización y la acción social y política son parte de nuestro deber cristiano”.

Resulta claro que un genuino compromiso social cristiano abarca tanto el servicio social como la acción social, entendiéndose el primero como la asistencia a las necesidades humanas y el segundo, la eliminación de las causas de esa necesidad.

Es evidente –y en eso hemos fallado la mayoría de los creyentes– que hay casos en que las necesidades no pueden aliviarse si no es mediante la acción política. En ese sentido, debemos mirar más allá de los individuos a las estructuras, más allá de la rehabilitación de los presos a la reforma del sistema carcelario, más allá de la ayuda a los pobres a la transformación de los sistemas económicos y políticos.

¿Cuál es, entonces, el fundamento bíblico para la acción social y política? ¿Por qué deben participar los cristianos?

Para poder esbozar una respuesta, el reverendo John Stott recurre a varias doctrinas bíblicas. Para nuestra reflexión vamos a recurrir a dos de ellas que, en teoría, todos aceptamos.

I. La doctrina de Dios
Primero, necesitamos una doctrina de Dios más completa. Pues tenemos la tendencia a olvidar que a Dios le interesa toda la humanidad y la vida humana en todas sus facetas. Este concepto tiene consecuencias importantes sobre nuestro pensamiento.

En primer lugar, Dios es el Dios de la naturaleza, además de ser el Dios de la religión. Dios creó el universo, lo sustenta y lo declaró “bueno” (Génesis 1:31). A Dios lo empequeñecemos cuando lo hacemos exclusivamente el Dios que está detrás de nuestra vida religiosa. Por supuesto que le interesa nuestra vida devocional, pero si se relaciona con toda la vida. Según la enseñanza de los profetas del Antiguo Testamento y Jesús, Dios cuestiona la religión si esta se reduce a cultos religiosos divorciados de la vida real, del servicio en amor y de la obediencia moral interior. “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre –dice Santiago 1:27- es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”. Si lo que hacemos y decimos en nuestra vida religiosa, pública y privada no tiene una correspondencia con nuestra vida real, es pura hipocresía, que es la actitud que Dios más critica.

En segundo lugar, Dios es el Dios de la creación, además de ser el Dios del pacto. Los creyentes del Antiguo y del Nuevo Testamento hemos cometido el mismo error de reducir a Dios a una deidad local, como hizo el pueblo de Israel, o al Dios de la iglesia. Pero la Biblia comienza con las naciones, no con Abraham; con la creación, no con el pacto. Además, cuando Dios eligió al pueblo de Israel, no se olvidó de las otras naciones. Y aún más, prometió que, al bendecir a Abraham y a su descendencia, iba a bendecir a todas las familias de la tierra, y que un día restaurará aquello que la caída arruinó, restituyendo la perfección de todo lo creado.

En tercer lugar, Dios es el Dios de la justicia, además de ser el Dios de la justificación. Es el Dios salvador de los pecadores, pero también le importa que la vida comunitaria del creyente se caracterice por la justicia (Salmos 146:7-9). En los capítulos 1 y 2 del libro del profeta Amós, Dios dirige sus juicios primeramente a las naciones vecinas y luego a Judá e Israel, por su falta de justicia. Al Dios de la Biblia le interesa todo lo “sagrado” y lo “secular”, no sólo la religión sino la naturaleza, no sólo el pueblo del pacto sino todos los pueblos, no sólo la justificación sino también la justicia social en toda comunidad. De manera que no debemos limitar sus intereses. (1)

II. La doctrina del hombre
Cuanto más alto sea nuestro concepto del hombre, cuanto más alto sea el valor que le damos al ser humano, mayor será nuestro deseo de servirle. Los creyentes, a diferencia de los humanistas, tenemos una base más sólida para el servicio a nuestros semejantes. Los seres humanos son seres creados a la imagen de Dios, que por lo tanto poseen capacidades únicas que los distinguen del resto de la creación.

Esta criatura de semejanza divina no es sólo alma, para que nos ocupemos solamente de su vida espiritual, ni sólo cuerpo, para que atendamos sus necesidades físicas, ni sólo seres sociales, para que nos limitemos a asistirlos en sus problemas comunitarios. Desde una perspectiva bíblica comprenden estos tres aspectos, y es por eso que debemos prestar atención a la evangelización, a la asistencia y al desarrollo.

En la base de cada uno de nuestros pensamientos y acciones subyace una teoría. Puede ser que no seamos conscientes de ello en cada caso, pero nada expresa más claramente nuestra escala de valores como nuestras acciones. Y salvo que tengamos personalidades divididas, debe haber una relación entre nuestros principios éticos y nuestros pensamientos; por ende, nuestra conducta moral.

Como creyentes, tenemos una base objetiva para nuestras normas éticas: la revelación de Dios. Creemos firmemente que Dios ha revelado quién es Él, quiénes somos los hombres y cuáles son las pautas para relacionarnos, no sólo con Dios sino también con los demás seres humanos. El sistema de valores del cristiano no surge a partir de especulaciones intelectuales o del pragmatismo circunstancial.

En este sentido, la acción política de los creyentes se concentra en lograr que, a través de la persuasión, la justicia de Dios sea una realidad en la tierra. Lo que Dios considera justo tiene implicancias directas sobre la acción política. Les toca a los creyentes guiar a la sociedad para que ésta tenga conceptos claros sobre lo que está bien o está mal. La justicia de Dios tiene que ver con la defensa de los derechos de los desposeídos, con el dictado de leyes que salvaguarden la dignidad del trabajo, con el manejo honesto de los fondos públicos, con el resguardo de la salud psicológica, física y espiritual de la población, con el mantenimiento de la paz y el respeto universal.

Por todo lo anterior es que considero que no hay “políticos creyentes” sino creyentes con vocación política.

Me resulta difícil pensar que podría “hacer” política, sin a la vez “hacer” religión. El creyente sólo puede reflejar su acción política, para que ésta sea coherente, a partir de sus principios éticos.

Considero que la Mesa Interreligiosa es un espacio de reflexión a partir de nuestra fe, en el contexto de la Coalición Cívica.

Aceptamos como base de la reflexión la interpretación teológica de nuestra fe, y los mandatos éticos que surgen de ella.

Alardeamos mucho sobre nuestra democracia, pero como pueblo hemos dado la espalda a todas aquellas convicciones sin las cuales la democracia carece de sentido.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, Europa estaba en ruinas, no sólo en lo material sino también moralmente y espiritualmente. Muchos llegaron a la conclusión –acertadamente– de que el problema principal de ese momento era el problema ético, y que no importaba cuáles fueran las soluciones socio-económico-políticas que adoptaran para la reconstrucción de los países afectados por la guerra si no se recuperaba un credo ético que pudiera dar una clara y definida dirección moral.

En esa encrucijada de la historia, el teólogo Elton Trueblood expresó en su libro “Bases para la reconstrucción”:

“Afortunadamente, no necesitamos entregarnos a la búsqueda de tal credo moral. Ya lo tenemos. Tenemos un racimo de convicciones que forman la trama de nuestra cultura. Una de las formas en que puede ser restaurada y reinterpretada para nuestra época la fe fundamental es intentando formular los principios morales que durante casi dos mil años han constituido la norma principal de conducta de la vida occidental. Muchas generaciones dieron su asentimiento consciente a dichos principios, y otras los aceptaron implícitamente como criterio de apreciación de la vida común. Un hecho importante en relación con estos principios es que ellos constituyen un elemento de consolidación de nuestra vida cultural. Los tres grupos principales de nuestra tradición espiritual –judíos, católicos romanos y protestantes– aceptan su validez”. (2)

Considero:
  • Que nuestro país está en decadencia: política, económica, de liderazgo y principalmente moral y espiritual
  • Que es necesario encontrar las bases para la reconstrucción
  • Que la ley moral de Dios, sintetizada en los Diez Mandamientos, constituyen la más sucinta y clara expresión de principios éticos aceptados por la gran mayoría de nuestra población
  • Que, por lo tanto, es nuestra tarea como creyentes herederos de la tradición judeocristiana, reflexionar sobre la reinterpretación de los Mandamientos a la luz de nuestra realidad contemporánea, recordando que lo importante no es la declaración formal de los mismos sino el concepto esencial que cada uno de ellos contiene.

(1)   STOTT, John R.W.   “La fe cristiana frente a los desafíos contemporáneos”, Ediciones Nueva. Bs.As. 1991, pp. 12, 17/24

(2) TRUEBLOOD, Elton. Bases para la reconstrucción” Editorial “La Aurora”, Bs.As. 1947, pp.15/16

Pedro Gilaberte, en la reunión de la Mesa del 7 de marzo de 2009

viernes, 26 de diciembre de 2008

"El pueblo que andaba en la oscuridad..."

El pueblo que andaba en la oscuridad 
    ha visto una gran luz;
   sobre los que vivían en densas tinieblas
      la luz ha resplandecido.
                                                                            Isaías 9:2, La Biblia

Que nuestro país pueda ver esta luz en 2009

Es el deseo de la

Mesa Interreligiosa del Conurbano Norte

Adriana Blasi * Georgina Bruzzi de Penello Rial 
Martín Bruzzi * Miguel Ángel Bustos
Tochi Dussaut * Alejandro Field * Pedro Gilaberte

viernes, 19 de diciembre de 2008

Predicar a DIOS en la actividad política


(Reflexión basada en Lucas 6, 27-38 y en Mateo 6, 24-34)

Para los creyentes, DIOS es quien da sentido a sus vidas y la fuente de su tranquilidad y felicidad.

Podemos hacer presente a DIOS en toda actividad humana, siempre y cuando tratemos a quienes interactúan con nosotros (principalmente a quienes tienen mayores necesidades materiales y/o espirituales) como si fueran DIOS, o al menos como si fueran uno mismo, aunque sean adversarios o enemigos.

El testimonio de DIOS resulta convocante si no hacemos mal a quienes nos perjudican, y más aún si devolvemos bien por mal.

En la actividad política resulta común tener adversarios y/o enemigos circunstanciales o permanentes, por lo que constituye una fuente de oportunidades para predicar a DIOS procurando el bien de todos, que es lo que EL quiere.

Hacer bien a los demás se pone en evidencia, especialmente, en el trato que les damos. Dicho trato debiera tener en cuenta principalmente nuestra común condición de ser creados por DIOS (a su imagen y semejanza) invitados a ser hijos de DIOS.

Considerar dicha condición ayuda a los creyentes no sólo a no explotar a los demás, sino a no dejarse explotar por alguna otra persona y a servir al necesitado.

Los creyentes que actuamos en política debiéramos promover prioritariamente la concordia social, comenzando en nuestros propios Partidos Políticos, donde tenemos que vivir conforme a la forma como pretendemos que viva la sociedad.

El creyente que actúa como dirigente político tiene mayor responsabilidad en el testimonio, fundamentalmente cuando se expresa a través de los medios masivos de comunicación social, donde considero relevante que debiera propiciar, con calidez y didáctica, las mejores propuestas para resolver los problemas presentes, evitando la agresividad y el emitir juicios de valor sobre las personas. Para poner en evidencia una mala conducta resulta suficiente decir que determinada persona está actuando mal, evitando decir que es mala. De esta manera se evita generar antagonismos en quienes quieren a dicha persona por otros comportamientos y no se generan condiciones desfavorables, para la mejora de la misma en sus futuros comportamientos.

Ser intransigente con el error y con el avasallamiento de un ser humano a otro es compatible con aceptar al que piensa y/o siente y/o actúa diferente.

Para procurar que una persona deje de cometer acciones que consideramos equivocadas y/o incorrectas, los creyentes debiéramos intentar seguir los pasos que el Evangelio detalla para realizar una corrección fraterna, es decir: primero tratar de corregir en secreto, si no da resultado o no resulta conveniente, tratar de hacerlo en presencia de personas afines y si tampoco da resultado o no resulta conveniente, procurar hacerlo frente a la comunidad (La Justicia y/o los medios masivos de comunicación social).

La concordia favorece el bien común mientras que las discordias lo entorpecen.

Un creyente puede darle igual prioridad a otra persona que a uno mismo y “poner la otra mejilla”, sin por ello ser ingenuo, ni dejar de valorarse, ni perjudicar a la sociedad, ni vivir intranquilo, porque, entre otras consideraciones, sabe que:

1.- Lo expuesto se deduce del mandamiento de DIOS: “Amar al prójimo como a uno mismo”.

2.- La aprobación y privilegios humanos dan mucho menos satisfacción que vivir conforme a DIOS.

3.- Lo bueno que nos sucede se debe principalmente a DIOS y a que actuemos conforme a nuestra conciencia, y en mucho menor medida a la jerarquía terrenal que tengamos o a la actividad que desempeñemos o a los resultados que obtengamos o a la aprobación que recibamos, o a que tengamos un elevado grado de satisfacción de nuestras necesidades materiales.

4.- Por la gracia de DIOS, el otro siempre tiene la posibilidad de mejorar, purificarse y actuar conforme a la voluntad de DIOS.

5.- Por la gracia de DIOS y el actuar conforme a nuestra conciencia, la felicidad y la vida, siempre superan infinitamente al dolor, al sufrimiento y a la muerte física.

6.- No todo lo bueno está en uno (o en nuestro grupo), ni todo lo malo en el otro (o en su grupo).

7.- DIOS conoce nuestras necesidades reales y las satisface, más allá de nuestros méritos.

8.- La confianza en DIOS supera ampliamente a la desconfianza que puede inspirarle quienes circunstancialmente dirijan y/o tengan poder sobre la sociedad.

Si como creyentes actuamos en política pensando que el otro también puede ser mejor, liberándonos de lo que el otro hizo en el pasado, confiando en que DIOS nunca nos abandona y abocándonos a la resolución de los actuales problemas de la sociedad, la actitud será distinta a la habitual y estaremos realizando un aporte posible para mejorar la sociedad en que vivimos.

Dado que somos cristianos, que vivimos en la zona norte y que estamos próximos a festejar la Navidad, quiero transmitirles unos conceptos que el Obispo de San Isidro, Jorge CASARETTO, expresó en su Carta Pastoral correspondiente a la Navidad del año 1992:

“¿Para qué nació JESÚS?: ¿Para enseñarnos una doctrina?, ¿Para que adhiramos a una ideología?, ¿Qué les dice a los hombres de este tiempo una doctrina o una ideología?.
JESÚS nace para invitarnos a seguirlo en un camino de salvación. Esto quiere decir: nos invita a vivir según SU estilo, a cumplir SUS mandamientos, a obrar como EL obra y en definitiva, a amar como EL ama.”

Teniendo en cuenta que el amor a los demás es la solución general de que disponemos los creyentes para aliviar y/o curar los males, quiero también transmitirles unas breves reflexiones de Erich FROMM, Louis EVELY y Gabriel MARCEL, para poder iluminar y dar más sentido a esa acción esencial que debemos realizar:

El amor es dar sin esperar nada a cambio, y el dar no es quitarse algo o privarse de cosas, sino que es compartir lo mejor de sí mismo o lo más precioso del ser, con otra u otras personas. (Erich FROMM, en “El arte de amar”).

Una persona es alguien que tiene infinitamente más futuro que pasado. En el otro, siempre existe mucho más que lo que ya hemos descubierto en él. (Louis EVELY).

Amar a alguien es otorgarle crédito. Es esperar de él algo completamente distinto de lo que ya le hemos encontrado. El amor entraña necesariamente una dimensión de futuro. (Louis EVELY).

Amar a un ser es esperar en él para siempre (Gabriel MARCEL).

Miguel Ángel Bustos, en la reunión de la Mesa del 6 de diciembre de 2008

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Restauradores de muros caídos


¡Grita con toda tu fuerza, no te reprimas! Alza tu voz como trompeta. Denúnciale a mi pueblo sus rebeldías; sus pecados, a los descendientes de Jacob.

Porque día tras día me buscan, y desean conocer mis caminos, como si fueran una nación que practicara la justicia, como si no hubieran abandonado mis mandamientos. Me piden decisiones justas, y desean acercarse a mí, y hasta me reclaman: "¿Para qué ayunamos, si no lo tomas en cuenta? ¿Para qué nos afligimos, si tú no lo notas?" »Pero el día en que ustedes ayunan, hacen negocios y explotan a sus obreros.

Ustedes sólo ayunan para pelear y reñir, y darse puñetazos a mansalva. Si quieren que el cielo atienda sus ruegos, ¡ayunen, pero no como ahora lo hacen! ¿Acaso el ayuno que he escogido sólo un día para que el hombre se mortifique? ¿Y sólo para que incline la cabeza como un junco, haga duelo y se cubra de ceniza? ¿A eso llaman ustedes día de ayuno y el día aceptable al SEÑOR?

»El ayuno que he escogido, ¿no es más bien romper las cadenas de injusticia y desatar las correas del yugo, poner en libertad a los oprimidos y romper toda atadura? ¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento y dar refugio a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no te escondas de tu hermano? (semejante)

Si así procedes, tu luz despuntará como la aurora, y tu recuperación brotará con rapidez; tu justicia te abrirá el camino, y la gloria del SEÑOR te seguirá. Llamarás, y el SEÑOR responderá; pedirás ayuda, y él dirá: "¡Aquí estoy!" »Si desechas el yugo de opresión, el dedo acusador y la lengua maliciosa, si te dedicas a ayudar a los hambrientos y a saciar la necesidad del desvalido, entonces brillará tu luz en las tinieblas, y como el mediodía será tu noche.

El SEÑOR te guiará siempre; te saciará en tierras resecas, y fortalecerá tus huesos. Serás como jardín bien regado, como manantial cuyas aguas no se agotan.
Y los tuyos reedificarán las ruinas antiguas; levantarás los cimientos de generaciones pasadas, serás llamado "reparador de muros derruidos", "restaurador de calles transitables".

Isaías 58:1-12 (versiones Reina-Valera 1960 y Nueva Versión Internacional)

Hay personas que piensan que la Biblia no tiene nada para decirnos con respecto a la política. Algunos opinan que la Biblia o el cristianismo justifican la explotación de los pobres y llevan a las personas al conformismo.

El capítulo 58 del profeta Isaías es un claro ejemplo de lo contrario. Este pasaje bíblico justamente nos revela el corazón de Dios hacia la injusticia social, la explotación económica en las relaciones laborales y la pobreza. Este fragmento comienza recordándonos la obligación moral que tenemos de denunciar el pecado de nuestro pueblo, o sea, denunciar aquello en lo que estamos errando. Este compromiso, también citado en otros pasajes, como el rol del centinela (Ezequiel 33) no nos permite quedarnos indiferentes ante la necesidad de nuestro hermano.

A continuación, en el versículo 2, ejemplifica a las personas que piden que Dios intervenga cuando algo malo les sucede, piden “que Dios haga justicia”, cuando en lo cotidiano le dan constantemente la espalda a Él, haciendo según su propio parecer.

Muchas veces se realiza el cumplimiento de ritos religiosos como el ayuno, pero de manera incorrecta. En el versículo 3 en adelante se compara el ayuno deseado por Dios con el que no lo es. En ocasiones las personas realizan el ayuno que consiste en afligir el alma o mortificarse, hacer duelo e inclinar la cabeza, pero al mismo tiempo siguen explotando a sus obreros, haciendo negocios y peleando. A pesar de todo esto, pretenden que Dios escuche sus oraciones.

Quiero citar las palabras del rabino Guido Cohen en referencia a lo anterior cuando, en la Conferencia-debate sobre la Participación de los Creyentes en la Política expresó: “digo de la gente que va a la iglesia o va a la sinagoga y pide perdón, se confiesa, celebra todos los rituales, son muy religiosos en ese sentido, (pero) después son de lo más pagano en el lugar donde más se requiere de su religiosidad”.

A diferencia de éste tipo de ayuno, el que Dios propone consiste en romper las cadenas de injusticia, partir el pan con el hambriento y darles albergue a los pobres. El romper todo yugo creo que incluye el yugo de la pobreza, del hambre, de la ignorancia, del temor, de la corrupción. Continuando con el aporte del Guido Cohen, él opinó: “Cada persona que hay durmiendo en nuestras plazas es, de una manera, un acto de rebeldía contra la autoridad y contra la presencia divina en la tierra”… “Dios que en el texto bíblico nos dice: ¡vos sos el guardián de tu hermano' que nos pregunta, nos interpela como Adán, ¡¿Dónde estás?', '¿Dónde estás?', él dice: 'no, yo me escondí, me vi desnudo y me escondí'. Bueno, no podés. No podes esconderte, porque ante la presencia de Él, que todo lo ve, que todo lo sabe, que todo lo conoce, no te cabe esconderte”…“ya no es la pregunta si (los creyentes) debemos participar, creo que la pregunta sería ¿tenemos derecho a mantenernos indiferentes? Y la respuesta es “no, no tenemos derecho”.

Creo firmemente que cuando cumplimos la voluntad de nuestro Creador, ésta siempre viene acompañada de una promesa. Ésta promesa la podemos encontrar a partir del versículo 8. Creo que no sería errado situar nuestro nombre al comienzo de éste versículo, ya que si cada uno de nosotros procediéramos de ésta manera, estas promesas se cumplirían en nosotros, así como también en nuestra Nación. “Argentina, si así procedes…” vendrá el cambio, la recuperación, la prosperidad y la bendición.

No debemos esperar hasta que todos estén dispuestos, el cambio comienza con uno que se dispone a ser un reparador de muros y calles destruidas, un restaurador de la Nación.

Georgina Bruzzi, en la reunión de la Mesa del 10 de noviembre de 2008

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Nelson Mandela: Reconciliación nacional en vez de amargura


"Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades.

Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal por el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir".

Político sudafricano (Umtata, Transkei, 1918 - ). Renunciando a su derecho hereditario a ser jefe de una tribu xosa, Nelson Mandela se hizo abogado en 1942. En 1944 ingresó en el Congreso Nacional Africano (ANC), un movimiento de lucha contra la opresión de los negros sudafricanos. Mandela fue uno de los líderes de la Liga de la Juventud del Congreso, que llegaría a constituir el grupo dominante del ANC; su ideología era un socialismo africano: nacionalista, antirracista y antiimperialista.

En 1948 llegó al poder en Sudáfrica el Partido Nacional, que institucionalizó la segregación racial creando el régimen del apartheid. Bajo la inspiración de Gandhi, el ANC propugnaba métodos de lucha no violentos: la Liga de la Juventud (presidida por Mandela en 1951-52) organizó campañas de desobediencia civil contra las leyes segregacionistas.

En 1952 Mandela pasó a presidir el ANC del Transvaal, al tiempo que dirigía a los voluntarios que desafiaban al régimen; se había convertido en el líder de hecho del movimiento. La represión produjo 8.000 detenciones, incluyendo la de Mandela, que fue confinado en Johannesburgo. Allí estableció el primer bufete de abogados negros de Sudáfrica.

En 1955, cumplidas sus condenas, reapareció en público, promoviendo la aprobación de una Carta de la Libertad, en la que se plasmaba la aspiración de un Estado multirracial, igualitario y democrático, una reforma agraria y una política de justicia social en el reparto de la riqueza.

El endurecimiento del régimen racista llegó a su culminación en 1956, con el plan del gobierno de crear siete reservas o bantustanes, territorios marginales supuestamente independientes, en los que confinar a la mayoría negra. El ANC respondió con manifestaciones y boicoteos, que condujeron a la detención de la mayor parte de sus dirigentes; Mandela fue acusado de alta traición, juzgado y liberado por falta de pruebas en 1961.

Durante el largo juicio tuvo lugar la matanza de Sharpeville, en la que la policía abrió fuego contra una multitud desarmada que protestaba contra las leyes racistas, matando a 69 manifestantes (1960). La matanza aconsejó al gobierno declarar el estado de emergencia, en virtud del cual arrestó a los líderes de la oposición negra: Mandela permaneció detenido varios meses sin juicio.

Aquellos hechos terminaron de convencer a los líderes del ANC de la imposibilidad de seguir luchando por métodos no violentos, que no debilitaban al régimen y que provocaban una represión igualmente sangrienta. En 1961 Mandela fue elegido secretario honorario del Congreso de Acción Nacional de Toda África, un nuevo movimiento clandestino que adoptó el sabotaje como medio de lucha contra el régimen de la recién proclamada República Sudafricana; y se encargó de dirigir el brazo armado del ANC (la Lanza de la Nación). Su estrategia se centró en atacar instalaciones de importancia económica o de valor simbólico, excluyendo atentar contra vidas humanas.

En 1962 viajó por diversos países africanos recaudando fondos, recibiendo instrucción militar y haciendo propaganda de la causa sudafricana. A su regreso fue detenido y condenado a cinco años de cárcel. Un juicio posterior contra los dirigentes de la Lanza de la Nación le condenó a cadena perpetua en 1964. Ese mismo año fue nombrado presidente del ANC.

Prisionero durante 27 años en penosas condiciones, el gobierno de Sudáfrica rechazó todas las peticiones de que fuera puesto en libertad. Nelson Mandela se convirtió en un símbolo de la lucha contra el apartheid dentro y fuera del país, una figura legendaria que representaba la falta de libertad de todos los negros sudafricanos.

En 1984 el gobierno intentó acabar con tan incómodo mito, ofreciéndole la libertad si aceptaba establecerse en uno de los bantustanes a los que el régimen había concedido una ficción de independencia; Mandela rechazó el ofrecimiento. Durante aquellos años, su esposa Winnie simbolizó la continuidad de la lucha, alcanzando importantes posiciones en el ANC.

Finalmente, Frederik De Klerk, presidente de la República por el Partido Nacional, hubo de ceder ante la evidencia y abrir el camino para desmontar la segregación racial, liberando a Mandela en 1990 y convirtiéndole en su principal interlocutor para negociar el proceso de democratización. Mandela y De Klerk compartieron el Premio Nobel de la Paz en 1993.

Las elecciones de 1994 convirtieron a Mandela en el primer presidente negro de Sudáfrica; desde ese cargo puso en marcha una política de reconciliación nacional, manteniendo a De Klerk como vicepresidente, y tratando de atraer hacia la participación democrática al díscolo partido Inkhata de mayoría zulú.

No me llamen

En junio de 2004, Mandela anunció su retiro de la vida pública con las palabras: “No me llamen, yo los llamaré”.

Además de la campaña contra el SIDA, Mandela sigue promoviendo en su fundación paz y reconciliación a nivel internacional. Ha creado también un Fondo para la Infancia y la Fundación Mandela Rhodes, que concede becas a jóvenes sudafricanos.

Mandela ha dejado en claro, sin embargo, que ve su vida en el marco de una lucha que va más allá de las fronteras sudafricanas. En su discurso de aceptación del Premio Nobel en 1993, afirmó "No creemos que este premio sea una recompensa por algo que ya pasó. Escuchamos las voces que dicen que es un llamado de todos, en el universo, que buscaron un fin al apartheid. Entendemos este llamado, de que dediquemos lo que nos queda de vida al servicio de nuestro país, para demostrar en la práctica que la condición normal de la existencia humana es la democracia, la justicia, la paz, el no racismo, el no sexismo, la prosperidad para todos, un medio ambiente sano y la igualdad y solidaridad entre la gente".

"Que nuestros esfuerzos prueben que Martin Luther King no era apenas un soñador cuando habló de la paz y la hermandad genuina entre los seres humanos como bienes más preciados que los diamantes, la plata o el oro".

Desde su infancia en una comunidad rural hasta la escuela misionera, desde la lucha de liberación a sus años de prisionero y luego presidente, un rasgo saliente de Mandela según muchos es que supo mantener con firmeza y hacer realidad su visión de una Sudáfrica democrática. Según el arzobispo sudafricano Desmond Tutu, "El sufrimiento puede crear amargura, pero también puede ennoblecer. Ha sido una gran bendición para nosotros que fue lo último lo que ocurrió en el caso de Mandela".

María Inés González Villanueva, en la reunión de la Mesa del 4 de octubre de 2008

martes, 30 de septiembre de 2008

Acerca del diálogo entre las religiones

En diálogo con las otras religiones

55. Como en toda la tarea de la « nueva evangelización », para anunciar el Evangelio de la esperanza es necesario también que se establezca un diálogo interreligioso profundo e inteligente, en particular con el hebraísmo y el islamismo. « Entendido como método y medio para un conocimiento y enriquecimiento recíproco, no está en contraposición con la misión ad gentes; es más, tiene vínculos especiales con ella y es una de sus expresiones ».99 En el ejercicio de este diálogo no se trata de dejarse llevar por una « mentalidad indiferentista, ampliamente difundida, desgraciadamente, también entre cristianos, enraizada a menudo en concepciones teológicas no correctas y marcada por un relativismo religioso que termina por pensar que "una religión vale la otra" ».100

56. Se trata más bien de tomar mayor conciencia de la relación que une a la Iglesia con el pueblo judío y del papel singular desempeñado por Israel en la historia de la salvación. Como ya se hizo notar en la I Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos y se ha reiterado también en este Sínodo, se han de reconocer las raíces comunes existentes entre el cristianismo y el pueblo judío, llamado por Dios a una alianza que sigue siendo irrevocable (cf. Rm 11, 29) 101 y que ha alcanzado su plenitud definitiva en Cristo.

Es necesario, pues, favorecer el diálogo con el hebraísmo, sabiendo que éste tiene una importancia fundamental para la conciencia cristiana de sí misma y para superar las divisiones entre las Iglesias, y esforzarse para que florezca una nueva primavera en las relaciones recíprocas. Esto comporta que cada comunidad eclesial debe ejercitarse, en cuanto las circunstancias lo permitan, en el diálogo y la colaboración con los creyentes de religión hebrea. Dicho ejercicio implica, entre otras cosas, que « se recuerde la parte que hayan podido desempeñar los hijos de la Iglesia en el nacimiento y difusión de una actitud antisemita en la historia, y que pida perdón a Dios por ello, favoreciendo toda suerte de encuentros de reconciliación y de amistad con los hijos de Israel ».102 En este contexto, por lo demás, habrá que recordar también a los numerosos cristianos que, a veces a costa de la propia vida, sobre todo en periodos de persecución, han ayudado y salvado a estos « hermanos mayores » suyos.

57. Se trata también de sentirse interesados en conocer mejor las otras religiones, para poder entablarse un coloquio fraterno con las personas que se adhieren a ellas y viven en la Europa de hoy. En particular, es importante una correcta relación con el Islam. Esto, como han notado varias veces en estos años los Obispos europeos, « debe llevarse a cabo con prudencia, con ideas claras sobre sus posibilidades y límites, y con confianza en el designio salvífico de Dios con respecto a todos sus hijos ».103 Es necesario, además, ser conscientes de la notable diferencia entre la cultura europea, con profundas raíces cristianas, y el pensamiento musulmán.104

A este respecto, hay que preparar adecuadamente a los cristianos que viven cotidianamente en contacto con musulmanes para que conozcan el Islam de manera objetiva y sepan confrontarse con él; dicha preparación debe propiciarse particularmente en los seminaristas, los presbíteros y todos los agentes de pastoral. Por lo demás, es comprensible que la Iglesia, así como pide que las Instituciones europeas promuevan la libertad religiosa en Europa, reitere también que la reciprocidad en la garantía de la libertad religiosa se observe en Países de tradición religiosa distinta, en los cuales los cristianos son minoría.105

En este sentido, se comprende « la extrañeza y sentimiento de frustración de los cristianos que acogen, por ejemplo en Europa, a creyentes de otras religiones y les dan la posibilidad de ejercer su culto, y a ellos se les prohíbe todo ejercicio del culto cristiano » 106 en los Países donde estos creyentes mayoritarios han hecho de su religión la única admitida y promovida. La persona humana tiene derecho a la libertad religiosa y todos, en cualquier parte del mundo, « deben estar libres de coacción, tanto por parte de personas particulares como de los grupos sociales y de cualquier poder humano ».107

Tomado de Ecclesia in Europa - Exhortación apostólica postsinodal de Juan Pablo II

Comentario:

Pienso que el diálogo y la colaboracion con la religion hebrea debemos profundizarlos, tomando conciencia que pertenecemos al mismo tronco de origen. Con resperto a la correcta relación con el Islam, surge del documento la necesaria prudencia que tenemos que tener los promotores de este diálogo interreligioso. Es imprescindible que estemos bien formados respecto a nuestras propias creencias y bien informados, de manera objetiva, respecto al islamismo. De esta manera evitaremos las posturas indiferentistas o relativistas en las que podemos caer.

Tochi Dussaut, en la reunión de la Mesa del 6 de septiembre de 2008

lunes, 15 de septiembre de 2008

"Hoy tengo un sueño"

"Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial.

Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás.

¡Hoy tengo un sueño!

Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.
Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: "¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!" . (*)


Este discurso pronunciado por Martin Luther King Jr. el 28 de agosto de 1963 en el Lincoln Memorial, Washington D.C., es un ejemplo para tomar en cuenta por los líderes políticos de nuestra nación, ampliamente aplicable a la problemática actual de la Argentina. Y aunque no sea en el aspecto específicamente de segregación racial, sí sirve para cualquier grupo de personas que vea cómo sus valores y derechos son violados por el poder de turno (en cualquiera de sus tres esferas) y pretenda recuperar o lograr la justicia y el respeto lesionado.

En el discurso, MLK hizo esta dramatización del “cheque listo para cobrar” que tenemos cada ciudadano, no importe nuestro origen o credo. Se aplica a los creyentes que quieran reclamar un país con principios éticos, morales, con respeto a la familia y a la vida, sin corrupción, agresión o autoritarismo. Estos son principios que los hombres patrios de nuestra nación resaltaron en el preámbulo de la Constitución Nacional donde, al establecer las bases de la misma, invocaron a “Dios como fuente de toda razón y justicia”.

Si nos preguntamos en qué momento se tiene que hacer el reclamo de justicia, ética y moral, MLK responde que ahora es el momento para que Argentina se levante de su condición y camine hacia un rumbo distinto, afianzándose como un país ejemplar en Latinoamérica, un país con democracia, república, con educación, etc. Este es el momento, no podemos esperar más. Que desde el mundo se pueda confiar en Argentina no tiene que ser una cuestión partidaria, sino una cuestión de estado.

Resulta también muy importante resaltar que este país diferente que anhelamos no se puede conseguir por medio de la violencia (hasta el día de hoy seguimos viviendo las consecuencias la sangre derramada en nuestra tierra), amargura u odio.

Por último resulta digno de resaltar la importancia del obrar de Dios que MLK sostenía respecto del cambio en Estados Unidos. En Argentina también los caminos torcidos se deben enderezar, las montañas de obstáculos se debern allanar y la gloria de Dios debe ser revelada a todos los argentinos, para encontrar el camino justo que debemos emprender.

Este es un camino de libertad, donde debemos liberarnos de las cadenas que nos detienen y para que cada argentino experimente la libertad en todos los ámbitos de su vida.


Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra. Mantendré abiertos mis ojos, y atentos mis oídos a las oraciones que se eleven en este lugar. Desde ahora y para siempre escojo y consagro este templo para habitar en él. Mis ojos y mi corazón siempre estarán allí.

En cuanto a ti, si me sigues como lo hizo tu padre David, y me obedeces en todo lo que yo te ordene y cumples mis decretos y leyes, yo afirmaré tu trono real, como pacté con tu padre David cuando le dije: "Nunca te faltará un descendiente en el trono de Israel".

Pero si ustedes me abandonan, y desobedecen los decretos y mandamientos que les he dado, y se apartan de mí para servir y adorar a otros dioses, los desarraigaré de la tierra que les he dado y repudiaré este templo que he consagrado en mi honor. Entonces los convertiré en el hazmerreír de todos los pueblos.
Y aunque ahora este templo es imponente, llegará el día en que todo el que pase frente a él quedará asombrado y preguntará: "¿Por qué el Señor ha tratado así a este país y a este templo?". Y le responderán: "Porque abandonaron al Señor, Dios de sus antepasados, que los sacó de Egipto, y se echaron en los brazos de otros dioses, a los cuales adoraron y sirvieron. Por eso el Señor ha dejado que les sobrevenga tanto desastre".

(2 Crónicas 7:14-20)


Martín Bruzzi, en la reunión de la Mesa del 2 de agosto de 2008

(*) Traducción del texto completo del discurso
Video del discurso con subtítulos en español

lunes, 14 de julio de 2008

Reflexión: Árbol o paja


Salmo 1

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en la senda de los pecadores
ni cultiva la amistad de los blasfemos,
sino que en la ley del Señor se deleita,
y día y noche medita en ella.
Es como el árbol
plantado a la orilla de un río
que, cuando llega su tiempo, da fruto
y sus hojas jamás se marchitan.
¡Todo cuanto hace prospera!

En cambio, los malvados
son como paja arrastrada por el viento.
Por eso no se sostendrán los malvados en el juicio,
ni los pecadores en la asamblea de los justos.

Porque el Señor cuida el camino de los justos,
mas la senda de los malos lleva a la perdición.

El pasaje contrasta dos imágenes. Por un lado, el árbol representa a la persona sólida, bien alimentada, que ha ido creciendo constantemente y que permanecerá por mucho tiempo. Por el otro, la paja nos habla de las personas que van de un lado para otro, secas y pasajeras.

Nos habla de dos clases de personas que actúan en la política y que debemos reconocer. Algunas nunca fueron más que paja. Otras empezaron como árbol y terminaron como paja arrastrada por el viento.

Pero es también una advertencia para nosotros, que podemos ir transformándonos en las personas que criticamos, vaciándonos lentamente del contenido humano y de los valores que nos llevaron a participar en la política en primer lugar.

Finalmente, hay una referencia al tiempo. Frente a todo lo que está mal y lo mucho por hacer, corremos el peligro de angustiarnos excesivamente hasta desanimanrnos y perder fuerza. Hagamos nuestra parte o, más bien, no dejemos de hacer nuestra parte, confiando en que Dios hará su parte y manejará los tiempos mejor que nosotros.

Alejandro Field, en la reunión de la Mesa del 12 de julio de 2008